En la tierra, el Cristianismo está supuesto a ser
el representante de Jesús el cual enseñó acerca del amor, del perdón, del
sacrificio, de la unidad y la humildad. Aún cuando esto pueda ser cierto en
muchas cosas, el Cristianismo ha demostrado una habilidad para pasar por alto
muchas de sus virtudes manifestadas y ha permitido que la fragmentación
denominacional la debilite. Desafortunadamente y debido al “perfeccionamiento”
de las doctrinas no esenciales, un deseo por estar cómoda y un incremento en la
apatía, ha permitido que la iglesia en Estados Unidos y en otros países del
mundo se vuelva débil, pasando mucho tiempo en sutilezas. Con demasiada
frecuencia los Cristianos se esconden en iglesias diseñadas para hacerlos
sentirse cómodos y seguros. Y mientras que el mundo se va al infierno nosotros
jugamos el “juego de la religión” fragmentando y abandonando el propio
sacrificio por la comodidad.
No quiero decir que la pureza doctrinal no sea
importante; definitivamente si lo es. Sin un adecuado entendimiento de quien es
Dios, de lo que ha hecho y de lo que nosotros debemos hacer estaríamos
condenados. Nuestra salvación depende de quién es Jesús y lo que Él hizo es la razón por la que necesitamos
conocer la verdad. Por lo tanto, como Cristianos, debemos separarnos de las
doctrinas falsas que hacen impotente la verdad salvadora del sacrificio de Jesús.
Debemos separarnos de los falsos maestros y las falsas doctrinas; no separarnos
de nosotros mismos. En las doctrinas no esenciales necesitamos permanecer
unidos tanto como sea posible para así poder pelear contra los enemigos del
evangelio; no pelearnos entre nosotros los Cristianos. Reconozco que las
denominaciones, en un grado pequeño, son necesarias y no dejarán de existir. Pero
la comodidad y la “pureza doctrinal” le han robado a la Iglesia mucho de su
poder. Mientras que los Cristianos al inicio de la Iglesia contaban con Dios
para cada una de sus necesidades, hoy, las iglesias con comodidades materiales
y sin necesidad de bajar del automóvil nos han convertido en personas
satisfechas con nosotros mismos e indolentes al llamado de Dios para hacer
discípulos en cada nación. Estamos cómodos en Estados Unidos donde tenemos lo
mejor de todo y solo tenemos que colocar en crédito nuestras demandas
caprichosas y por lo tanto evitar la dependencia en Dios para nuestras
necesidades; esto hace la fe en Dios menos necesaria. Hemos sido distraídos y
la iglesia está mostrando signos de apatía. Tenemos nuestras máquinas de video,
aires acondicionados, controles remotos y comida rápida. Contamos con iglesias
con aire acondicionado central, excelentes sistemas de sonido, predicadores
bien vestidos, asientos lujosos y cómodos y coros bien entonados, pianos,
órganos y lo último en instrumentos musicales. Somos bendecidos con comités,
planes y dinero. De hecho, tenemos tantas iglesias que se nos garantiza que
podemos encontrar una que convenga a cualquiera de nuestros caprichos o
preferencias y con demasiada frecuencia los mensajes son tan agradables que no
hacen que nuestros corazones se duelan por el perdido o por nuestro Señor.
La medicina de la pureza doctrinal puede
convertirse en una plaga cuando ésta divide innecesariamente eso que la sangre
de Cristo ha hecho santo. Nosotros debemos tener cuidado en no sacrificar a las
personas en el altar de la pureza doctrinal cuando las doctrinas son tan
simples como el estilo de la música, lo que debemos o no vestir, si debemos o
no usar maquillaje, etc. No debemos educadamente y amorosamente expulsar a los
miembros creyentes de nuestras iglesias y bendecirlos en su salida porque
bautizamos por inmersión o no, hablan o no en lenguas, o creen o no en la pre
tribulación, etc. Por el dolor y la confusión, muchos Cristianos heridos
deambulan por el paisaje espiritual buscando un refugio seguro solo para caer
presas de falsos maestros o por el llamado seductor del mundo. Si, necesitamos
pureza doctrinal y tal vez aún debamos morir por ésta algún día, pero vale la
pena morir por la pureza doctrinal en las doctrinas básicas fundamentales, no
en las esenciales. Las confesiones y los credos no son nuestro pan ni vino. No
deberíamos sacrificar la bendición de la unidad por los pequeños detalles de la
pureza. Pero alguien diría: “Estas doctrinas son importantes y nuestra iglesia tiene la verdad.” Tal
vez, Pero Jesús dijo que el mundo sabría que somos Sus discípulos por el amor
que nos tendríamos entre nosotros, no por la pureza de nuestra doctrina.
¿Y qué ve el mundo en todo esto? ¿Ve a una iglesia
visible llena de sacrificio, de amor? O ¿llena de personas que se consideran a
sí mismas más importantes que ellos mismos? No. El mundo ve refinados
evangelistas en la televisión perfectamente bien peinados y sonrisas atrayendo
sobre sí los ojos de miles de personas crédulas mientras que preguntan por
dinero y nuevos “pactos” que también involucran el dinero de los crédulos
Cristianos. También ve la hipocresía de la rectitud moral proclamada
orgullosamente ante el mundo y contradiciéndose por los hechos. El mundo ve una
iglesia fragmentada por las denominaciones que no pueden siquiera limpiar su
propia casa.
Y lo que es más, la iglesia ha detenido su
proclamación contra el pecado empezando a creer la mentira de que es débil e
impotente para detener el momento de decaimiento social. La iglesia no tiene
nada que decir cuando enfrenta la inmoralidad y tropieza en vez de mantenerse
de pie contra el pecado.
¿Cuáles son las consecuencias de esto?
Vemos el surgir de los cultos como el Mormonismo y
los Testigos de Jehová los cuales tienen millones de seguidores fieles y
constantes que van puerta a puerta regando sus doctrinas condenatorias. ¿Dónde
están los Cristianos que se oponen a éstas? ¿Dónde está la iglesia? ¿Está
apoyando los esfuerzos para detener este reguero de mentiras? ¿Está unida
detrás de una causa común? ¡No! Le deja el trabajo al cansado y al pequeño el
cual tiene una carga que le quema el corazón y que gasta sus esfuerzos muchas
veces en una batalla constante y frustrante por la verdad. La iglesia como recompensa,
le da palmaditas en la espalda y le dice: “Dios bendice. Vaya en paz.” Pero
deja a los guerreros reducidos para que se valgan por sí mismos.
Vemos las consecuencias en el sistema educacional
con el aumento de la filosofía humanista. Agendas puramente seculares en lo
moral, en lo político y social están siendo enseñadas a nivel escolar. La
homosexualidad, el relativismo, el “saneamiento” de los valores y la “limpieza
ética” están “limpiando” y “aclarando” la mente de los jóvenes en contra de los
valores Cristianos. Los niños se sientan y escuchan toda esta basura mientras
vamos a la iglesia y discutimos acerca de que himnos cantar en el siguiente
servicio, del órgano y el color de la alfombra. Dios tenga misericordia de
nosotros.
La sociedad no necesita preocuparse con la
meditación de nuestra gente ya que su conciencia no puede tener remordimiento
cuando muchas de las fallas del Cristianismo hablan por sí solas. La sociedad
está siendo muy poco afectada por el evangelio. Lo secular no necesita estar
cauteloso de la iglesia que se sienta ociosamente con los brazos cruzados y
mima a sus miembros sin animarlos a tomar riesgos por el evangelio.
El mundo secular tiene la libertad para burlarse de
la verdad, a socavar nuestras libertades y clamar más y más convertidos para
sí. Esto es seguro para el Cristianismo, pero, ¿está el Cristianismo a salvo de
esto?
¿Qué debemos hacer?
Primero que todo necesitamos confesar nuestros
pecados a nuestro Señor y arrepentirnos de estos. Necesitamos reconocer nuestra
apatía, orgullo, murmuración y cualquier ídolo de “pureza doctrinal” los cuales
son usados para dividirnos. Necesitamos renunciar a estos, doblar nuestras
rodillas, orar, confesar, perdonar y así sucesivamente. Necesitamos reconocer
que debemos estar unidos para ser fuertes. Pero debemos hacer esto sin
comprometer el evangelio de la verdad (1 Co 15:1-4; Ro 5:1). El enemigo quiere
vernos fragmentados; Dios quiere vernos unidos.
Segundo, necesitamos reconocer la Gran Comisión
como algo más que una recomendación de Jesús. Ésta no es una opción; es un
mandamiento. Jesús dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las
naciones…” (Mt 28:19). ¿Estamos siendo pescadores de hombres o sólo somos
guardas del acuario? ¿Estamos siendo obedientes o estamos cómodos?
Tercero, necesitamos trabajar juntos tanto como sea
posible para llevar el evangelio de la verdad al perdido. Esto requerirá
sacrificio, oración, humildad y riesgo. No podemos fácilmente deshacernos de la
gran fragmentación del cuerpo de Cristo pero si podemos cruzar los limites
denominacionales enfocándonos en lo que nos une en la fe: Jesús es Dios en
carne (La Trinidad), la salvación es por gracia y sólo a través de la fe, la
expiación y el perdón de los pecados por el derramamiento de la sangre de
Jesús. Necesitamos mirar los fundamentos esenciales de la doctrina y dejar que
el evangelio de Dios cambie el corazón de las personas.
Cuarto, necesitamos usar cualquiera de los dones
que el Señor nos ha dado para aumentar Su reino. Ya sea orando por el perdido
y/o por los obreros en Cristo, ayudando al sostenimiento económico, enseñando
al cuerpo, haciendo trabajos de administración o cualquier don que Usted tenga
úselo para la gloria de Dios. Ofrézcaselo a Él y pídale que lo bendiga
permitiéndole usar sus dones. Y no tenga temor de fracasar: Él está con Usted.
Conclusión
Dios es un Dios de perdón, amor y poder. Él nos ha
perdonado de nuestros pecados y continúa haciéndolo por Su Gracia maravillosa
(1 Jn 1:9). Él nos ama profundamente y quiere tener comunión con nosotros y
disfrutar nuestra presencia a través de Jesús (1 Co 1:9). Su evangelio es
poderoso, capaz de salvar al perdido de sus pecados (Ro 1:16) y cambiar este
mundo. Ore por la obra de Dios en su vida y en la vida de otros. Haga un gran
esfuerzo para sostener y esparcir el evangelio. Interceda en oración al Padre
por el bien de la iglesia que predica y por el perdido que necesita escuchar. Humíllese
delante de Dios y de los hombres. No permanezca cómodo; tome el riesgo: ¡Créale
a Dios y hágalo!
Copiado de: Ministerio de
Apologética e Investigación Cristiana